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Fomenta tus fantasías sexuales: una técnica útil

Ya hemos dejado claro que el sexo es beneficioso para nuestra salud, y que las fantasías sexuales son de gran ayuda para aumentar nuestro deseo. Pero, ¿qué ocurre si nos cuesta fantasear o no tenemos tantas fantasías como deseamos?

Podemos fomentar nuestras fantasías sexuales, y en esta entrada presento una técnica que nos ayudará a ello.

La técnica consiste en ir respondiendo las siguientes cuestiones, y luego con las respuestas construirás tu fantasía:

1)¿Dónde se desarrolla la historia?

2)¿Qué objetos se utilizan?

3)¿Qué personaje (o personajes) aparecen?

4)¿Con qué actitud se muestran los personajes?

5)¿Qué acción o acciones se desarrollan?

6)¿Cómo comienza la primera fase de la fantasía?

Voy a poner un ejemplo:

1)¿Dónde se desarrolla la historia?: En un teatro

2)¿Qué objetos se utilizan?: El telón

3)¿Qué personaje (o personajes) aparecen?: Un actor

4)¿Con qué actitud se muestran los personajes?: Libre, tranquilo

5)¿Qué acción o acciones se desarrollan?: Pasear, aporrear

6)¿Cómo comienza la primera fase de la fantasía?: El teatro está vacío…

Con mis respuestas la fantasía que ha surgido ha sido esta:

 El teatro está vacío y el silencio es absoluto. No se oye ningún sonido procedente de dentro de la sala, tan solo llegan ruidos muy atenuados de los operarios que están descargando atrezzo de un camión en el exterior, y que por los sonidos que cortan ocasionalmente la quietud del teatro parece que estén aporreando los bultos contra el suelo. Si no fuera por esos sonidos, al actor le daría la impresión de que está solo en el mundo. Sólo un par de focos iluminan el lugar con una luz tenue y cálida, dejando el patio de butacas prácticamente a oscuras.

El actor camina por el patio de butacas hasta el escenario y se sube a él, donde se pasea de forma tranquila, sintiéndose libre y relajado. Disfruta tan solo de estar en el teatro, de la calma que reina en el lugar. En un momento dado se fija en el telón: parece que en uno de los lados la tela está un poco rasgada. Se acerca a inspeccionarla y comprueba que sí, que hay un pequeño agujero en la tela. Toca los bordes del agujero con los dedos y siente el tacto agradable del terciopelo. Sigue paseando sus dedos por la tela y se da cuenta de que el agujero parece aumentar de tamaño, aunque él no lo está ensanchando. Es como si el agujero tuviera vida propia… El actor retira sus dedos y el agujero deja de crecer, pero en cuanto vuelve a tocar el terciopelo el agujero se amplía muy despacio, a una velocidad casi imperceptible.

El actor se siente hipnotizado por la suavidad del telón y el placer que le da tocarlo; lo acaricia con las manos, con los brazos, luego hunde su rostro en él para sentir el terciopelo en sus mejillas. El agujero, antes pequeño, ahora es tan grande que separa el telón en tiras largas de tela que se enredan en el cuerpo del actor. La tela es tan fina que parece flotar alrededor de él, rozándole suavemente.

Una suave corriente de aire empieza a recorrer la sala de teatro desde el patio de butacas y eleva la liviana tela, y con ella al actor, que queda suspendido en el aire, disfrutando de las sensaciones que le proporciona el tacto con la tela… 

Puedes responder lo que quieras en las preguntas. Otro ejemplo:

1)¿Dónde se desarrolla la historia?: Una biblioteca

2)¿Qué objetos se utilizan?: Un libro de hechizos

3)¿Qué personaje (o personajes) aparecen?: Una pareja, gente estudiando

4)¿Con qué actitud se muestran los personajes?: Cautelosos, apasionados

5)¿Qué acción o acciones se desarrollan?: Lanzar, cuchichear

6)¿Cómo comienza la primera fase de la fantasía?: El silencio es sepulcral en la biblioteca de la universidad…

La fantasía resultante es esta:

El silencio es sepulcral en la biblioteca de la universidad, a pesar de la gran cantidad de alumnos que ahora mismo están estudiando en ella. No es un lugar muy apropiado para dejarse llevar por los apetitos sexuales, y menos en época de exámenes, pero la pareja lleva demasiado tiempo repasando sus apuntes y los roces con los pies que se han dado por debajo de la mesa han ido despertando sus ganas de jugar y de olvidar por un momento las largas y aburridas horas que han invertido en repasar sus apuntes. Una mirada fugaz basta para que los dos se pongan de pie al unísono y se apresuren a buscar un rincón discreto entre los estantes de libros.

Al principio se muestran cautelosos, y se debaten entre su deseo y el miedo a ser descubiertos por otros estudiantes. Se cuchichean frases amorosas y ardientes y se besan en la boca y en el cuello. De repente algo capta su atención: un viejo libro polvoriento parece llamarles. Es un libro de hechizos amorosos. Intrigados, lo abren y susurran uno de ellos, y al instante sienten cómo su deseo se acrecienta. Por turnos se van lanzando los hechizos y descubriendo sus efectos: uno les deja desnudos al instante, otro les une como si estuvieran pegados por un pegamento muy fuerte… Eligen otro hechizo al azar, lo recitan y ¡sorpresa! El tiempo se para a su alrededor: los demás estudiantes se han quedado como si fueran de piedra; con la mirada fija en sus apuntes, a medio camino por los pasillos… Todos están inmovilizados como estatuas. La pareja se lleva la grata sorpresa de que han lanzado el hechizo justo a tiempo: una chica, ahora inmóvil, estaba a punto de girar la esquina de la estantería y de no ser por el embrujo los hubiera pillado in fraganti.

Apasionados con sus nuevos poderes los dos se lanzan a sus juegos sin sentir ya miedo ni vergüenza, cómplices del tiempo que no pasa. Ante la mirada vacía del resto de estudiantes se dejan llevar por el arrebato sobre las mesas de las diferentes salas de la biblioteca…  

¿Te gusta esta técnica? Si te animas a usarla me encantaría que escribieras tu fantasía en un comentario de esta entrada (puedes hacerlo de manera completamente anónima). Anímate también a hacerte fan de la página de facebook de Cultura Sexual (dale al “me gusta” en el menú de la derecha).

Puedes encontrar esta y otras formas de ampliar tu capacidad de fantasear, y de observar tus fantasías y tus actitudes hacia ellas en el libro Mente y deseo en la mujer. Guía práctica para la felicidad sexual de las mujeres, de Georgina Burgos.

Sexualidad y vejez: apuntes sobre el disfrute a edades avanzadas

¿Podemos hablar de la sexualidad en la vejez sin deprimirnos? ¡Sí, podemos! Y eso es lo que voy a hacer en esta entrada. Habitualmente se describe la vejez como un periodo de la vida en el que las capacidades de las personas involucionan. Se suele decir que las personas viejas “pierden facultades”, y el ejemplo más extendido para demostrarlo es, ahora que se habla mucho del Alzheimer, la pérdida de memoria. En el área de la sexualidad se suele decir que los hombres mayores tienen problemas de erección, y que las mujeres pierden el deseo sexual. Pero esto no tiene que ser así invariablemente. No todas las capacidades se atrofian durante la vejez. Puede que algunas se deterioren, sí, pero hay otras que se mantienen, y otras que pueden incluso mejorar. Ya de puestos, y para rizar el rizo, puede que algunas capacidades se deterioren un poco y luego se vuelvan a enriquecer. Y estos procesos, para cada persona, serán diferentes.

Pero hablar de capacidades, así, en genérico, es como hablar del color de ojos de Martirio. ¿De qué color serán: marrones, azules…? Pues no lo sabemos; a saber qué hay detrás de esas gafas de sol. Para no quedarnos en la nebulosa de la duda lo mejor es que pongamos algún ejemplo concreto. Pongamos por caso la capacidad de sentir placer que tiene nuestra piel. ¿Disminuye con la edad la capacidad de respuesta de nuestro sentido del tacto? No, se mantiene intacta y puede proporcionar mucho placer si nos tocan, tocamos, o nos tocamos.

Ahora, tú que me lees, me planteas un reto en forma de pregunta: ¿y si la persona vieja no pudiera sentir nada porque ha tenido un grave accidente o alguna enfermedad que le ha dejado los nervios insensibilizados? Y yo te respondo: raro sería el caso en el que una persona no pudiera sentir nada ni en un trocito de su piel. Pero vale, acepto la pregunta. En ese caso la capacidad de sentir sensaciones físicas habría menguado, pero habría muchas otras que no, y que le permitirían sentir placer. La capacidad de comunicarse, de intimar con otra persona, por ejemplo. En la vejez estas capacidades pueden seguir desarrollándose: uno de los mayores disfrutes de la vejez puede ser el de profundizar en los lazos que nos unen a nuestra pareja y a las personas que más queremos.

¿Y en el caso de que la persona anciana viva en soledad? Pues llegados a este caso, tengo que decir que uno de los indicadores más fiables para saber si una persona disfruta de su sexualidad en la vejez es si tiene pareja o no. Las personas con pareja la disfrutan más. Pero para las que no tienen pareja no está todo perdido. Hay otras capacidades que se pueden mantener o mejorar, y que pueden ayudar a disfrutar de la sexualidad. Una de ellas, la capacidad de fantasear. Todas las personas tenemos fantasías, lo queramos o no; en esta entrada te explico la importancia de las fantasías sexuales.

Ya lo ves, tenemos capacidades de sobra para disfrutar de nuestra sexualidad más allá de nuestros genitales y del coito. Lo que pasa es que vivimos venerando la juventud y temiendo la vejez, así que cuando los hombres empiezan a tener erecciones menos rígidas y las mujeres comienzan a tardar más en lubricar, se asustan. Por lo visto, tenemos grabado a fuego en la mente que tener sexo es practicar la penetración, a pesar de que el coito es sólo una práctica más de todo el repertorio que se puede desplegar en una relación sexual (a solas o en compañía, no me canso de repetirlo).

Cuando hablo de vejez no me refiero a personas muy mayores. Los procesos de envejecimiento empiezan a hacerse notar a partir de los 30 – 35 años… ¡Las canas y las arrugas no aparecen de repente a los 65! Son cambios lentos, lo que nos permite ir adaptando nuestras prácticas sexuales de forma paulatina. Los cambios físicos que se producen con la edad en el terreno de la sexualidad pueden ser interpretados de manera positiva:

  • Tanto a los hombres como a las mujeres les puede llevar más tiempo excitarse, lo que supone una oportunidad para disfrutar con calma de la relación sexual (a solas, en compañía, homo, hetero…).
  • No hay tanta necesidad de eyacular ni de llegar al orgasmo. El sexo puede disfrutarse por lo que es, un recorrido por diferentes sensaciones, y no con las prisas de llegar a la meta.
  • La intimidad, la comunicación, la sensibilidad… son capacidades que no solo se mantienen, sino que pueden seguir desarrollándose durante toda la vida, y eso puede dar nuevas perspectivas de profundidad a las personas que quieran explorar estas dimensiones de las relaciones afectivas.
  • La jubilación libera un montón de tiempo que se puede usar para disfrutar, en el amplio sentido de la palabra.

A esto hay que sumarle que las actitudes de la sociedad van cambiando y, poco a poco, vamos aceptando que las personas viejas tienen todo el derecho del mundo de disfrutar de su sexualidad. Por suerte ya no se exige a las mujeres que vistan permanentemente de luto desde que se quedan viudas, y cada vez se forman más parejas entre personas ancianas que estaban solteras, separadas o viudas, sin que eso sea visto con malos ojos.

¿Has notado cambios en tu respuesta sexual con el paso de los años? ¿Han sido para bien, para mal? Cualquier experiencia que describas, cualquier aportación que hagas al blog en la sección de comentarios, será bienvenida. ¡Comparte tus ideas!

 

Cómo estimular tu deseo sexual: ¡Utiliza tus fantasías!

Las fantasías estimulan nuestro deseo sexual. Foto: Michael "Mike" L. Baird (http://www.flickr.com/photos/mikebaird/4264611133/)

El deseo es el primer paso para realizar actividades sexuales, pero ¿qué pasa si no lo sentimos?

Una manera eficaz de estimular el deseo sexual es usar las fantasías eróticas. Las fantasías son una manera eficaz para abrirnos a lo erótico, para cultivarnos en el arte del erotismo. Igual que aprendes a desempeñarte bien en tu trabajo, puedes aprender a tener un mayor deseo sexual. Porque tener deseo sexual se puede aprender y estimular.

Piensa en lo que ocurre cuando haces un amigo o amiga nuevos: aprendes qué le gusta, qué no le gusta, qué le hace reír, emocionarse… cuáles son sus sueños e ilusiones. De la misma manera puedes aprender qué te gusta a ti, incluyendo tus gustos y apetencias sexuales. Del mismo modo que haces preguntas a tus amistades y dialogas con ellas para conocerlas mejor, puedes mantener un diálogo interior para descubrir lo que te gusta y lo que no, qué cosas te apetece probar, qué necesitas para vivir plenamente tu sexualidad. Y esto es importante porque, al fin y al cabo, ¿por qué deseamos tener relaciones sexuales? Porque nos hacen sentir vivos. Nos hacen sentir bien, a gusto con nosotros mismos. Son fuente de bienestar y salud.

Como ya te he comentado, el deseo sexual se puede aprender y estimular, y las fantasías pueden ayudar mucho a ello. Nos sirven para desarrollar nuestra “visión erótica”, es decir, para despertar nuestros sentidos y hacerlos más sensibles a los estímulos que nos pueden erotizar.

Muchas personas utilizan fantasías eróticas durante su adolescencia, pero dejan de tenerlas cuando se hacen mayores o cuando encuentran pareja. Esto es más habitual de lo que puede parecer. Muchas veces confundimos lo que es la fantasía y lo que es la realidad, y pensamos (erróneamente) que si tenemos fantasías eróticas estamos siendo, de alguna manera, desleales a nuestra pareja. Esta preocupación suele abordarnos si nuestras fantasías incluyen o involucran a otras personas que no son nuestra pareja. Nos preguntamos: ¿será que quiero tener relaciones con otras personas? ¿Ya no quiero a mi pareja? O bien: ¿me ocurre algo por tener estas fantasías tan raras?

Lo que quiero que quede claro es que lo que fantaseamos, el contenido de nuestras fantasías, no tiene por qué corresponderse con lo que deseamos en nuestra vida real, con lo que nos hace disfrutar en nuestras relaciones. Por ejemplo, hay personas que fantasean con tener relaciones sexuales en grupo, o se imaginan siendo forzadas a tener relaciones sexuales, o juegan con la idea de ver a su pareja montándoselo con otra persona, y disfrutan con ello, pero jamás permitirían que eso ocurriera en la realidad.

Fíjate en lo que acabo de decir: “juegan con la idea…” Las fantasías son eso, un juego. Una actividad lúdica que estimula nuestra imaginación y nos da placer.

Habitualmente nuestra cultura nos hace aprender a rechazar aquello que nos produce placer sexual fuera de unos determinados fines o prácticas, lo que hace que vivamos nuestras fantasías con culpa, a veces con sensaciones de vergüenza o pecado. Piensa que cultivando tus fantasías estás haciendo un acto de libertad, de alejamiento de los juicios moralistas en los que se nos ha educado y que nos impiden, muchas veces, desarrollarnos plenamente como personas y vivir nuestra sexualidad con naturalidad.

Recuerda cómo, de niños, solíamos pasar el día jugando. Al ir creciendo vamos dejando a un lado esa habilidad. Pero con las fantasías podemos retomar ese elemento de juego, que siempre es fuente de placer.

En definitiva, las fantasías nos ayudan a estimularnos eróticamente y, lejos de ser dañinas o alejarnos de nuestra pareja, nos permiten desarrollar nuestro erotismo a través de escenarios hipotéticos que pertenecen a nuestra intimidad, y que no tienen por qué responder a nuestras intenciones o deseos reales.

¿Cómo puedes fomentar tus fantasías eróticas? Hay estímulos externos que pueden ayudarte e inspirarte: libros, películas o música de carácter erótico pueden serte de gran utilidad. Investiga, explora. Disfruta jugando.